domingo, 8 de julio de 2012

Adorno Theodor; Arte y política




Regreso a presentar esta información porque resulta nueva para muchos y el conocimiento no esta suficientemente difundido, por lo que considero útil recorrer nuevamente el camino con fines didácticos.

Theodor Wiesengrund Adorno (1903-1969) ha sido uno de los filósofos más influyentes del siglo XX. Perteneció a la primera generación de autores de la llamada Escuela de Frankfurt.

En 1944, cuando Max Horkheimer y Theodor W. Adorno publican en Nueva York Dialektik der Aufklärung [1] se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial en Europa y se vivía la época de los totalitarismos (fascismo y stalinismo).

En su obra El discurso filosófico de la Modernidad [2], Jürgen Habermas habla con razón de este libro de Adorno y Horkheimer como de “su libro más negro”, por su visible inspiración en “los escritores negros de la burguesía”. Habermas muestra que los máximos representantes de la llamada Escuela de Francfort llevan en este libro la crítica del pensamiento ilustrado a un punto máximo:  “Este es el paso que da la Dialektik der Aufklärung –autonomiza la crítica incluso contra los propios fundamentos de la crítica”. Entonces, “La crítica, al volverse contra la razón como fundamento de la validez de la crítica, se hace total”. La dialéctica de la crítica total es otro nombre para la dialéctica negativa adorniana.

Uno de los dos apéndices incluidos en Dialektik der Aufklärung trata de la Kulturindustrie, la Industria Cultural. En este texto, la crítica de la modernidad ilustrada se extiende al campo de las industrias ligadas a la difusión de la cultura apoyadas ahora en las nuevas tecnologías: la fotografía, la radio, el cine. Para Adorno, la industria cultural es un elemento más del universo totalitario fascista [3].

En su libro Después de la gran división, el crítico cultural alemán Andreas Huyssen[4] sostiene que  “... siempre que Adorno dice ´fascismo`, está diciendo también ´industria cultural`”. Esta apreciación se justifica en la medida que la descripción que en este texto se hace de la sociedad da cuenta de una construcción totalitaria articulada como un sistema en el que nada escapa a la lógica de la razón instrumental  tal como ya la venía caracterizando Max Weber.

Adorno accede al análisis de la sociedad y de la esfera política a través de un encaminamiento que parte de la filosofía del arte como consecuencia de su temprano interés por la música y la interpretación de su significado [5]. Esta particular posición permite al filósofo efectuar una síntesis inédita y precursora entre arte y política, así como entre cultura y sociedad. Las vinculaciones así establecidas le han permitido perfeccionar significativamente el esquema forjado por Marx en el que las relaciones entre “infraestructura” económica y “superestructura” jurídico-cultural se establecían de un manera poco dilucidada.

Para Adorno, los totalitarismos del siglo XX aparecen como configuraciones de estructuración continua en las que economía y sociedad, política y cultura se compenetran indisolublemente hasta constituirse en sistemas estáticos presididos por la conciencia reificada [6]  de las masas. Aquí el rol de la industria cultural y sus medios tecnológicos en constante perfeccionamiento es precisamente el de complementar la administración total de la sociedad con un método de reificación  de la conciencia  hasta suprimir toda posibilidad de escapatoria. Esta visión no es muy lejana a la que está contenida en la metáfora del “estuche de acero” que utilizara Weber refiriéndose al advenimiento de una sociedad totalmente administrada.



En relación a la obra de arte.
En el ámbito de la Estética el pensamiento de Adorno es insoslayable y constituye una expresión del pensamiento alemán del siglo XX. Adorno es un impulsor de las corrientes más fecundas del pensamiento filosófico y de la teoría social contemporáneas. Su pensamiento se extiende al campo de la Filosofía, las letras, la música, la teoría política y la teoría del arte.

En el pensamiento adorniano, el arte, y en particular la música, ocupa un singular lugar. La teoría estética de Adorno tiene fuertes imbricaciones con su teoría filosófica política y con su pensamiento filosófico en general.

Siguiendo ideas de Husserl, entra en contacto con la filosofía, y desarrolla su obra principal en la llamada Escuela de Frankfurt, pero su vocación musical nunca fue olvidada. Más de la mitad de sus obras tratan el tema de la música. Adorno empieza su labor en el arte cuando las Vanguardias artísticas entran a la escena en Europa.

En su obra inicial su preocupación por la relación entre música y pintura es importante. En este entrelazamiento de pintura y música, sugiere varios paralelismos, por ejemplo que ambos son lenguaje que hablan más claro en tanto es más elaborado.

Comienza así una crítica social a la llamada música popular y a la música imitativa. Su respuesta es que esto se debe a un plan para traicionar y atacar a la individualidad. Sostiene que este tipo de música es emisaria de la ideología del sistema dominante.
Por eso la relación de las artes como pintura y música no es con el fin de lograr la unidad del arte, sino para lograr su emancipación, su individualidad, la libertad plena de llegar a decir que los extremos se tocan.

El pensamiento de Adorno encuentra que la música y el arte convergen por medio de la estética en la filosofía. Para adorno, filosofar es tener conciencia del tiempo en que vivimos, plasmarlo y expresarlo.

Adorno cree que una definición del arte no debe basarse en las invariantes de éste a través del tiempo, sino que su concepto se encuentra en el mismo proceso dinámico que se produce en la historia. Su propuesta intenta captar cómo y por qué se modifica el arte. "El arte extrae su concepto de las cambiantes constelaciones históricas. Su concepto no puede definirse". Adorno describe por lo tanto una ley de desarrollo que es específica de la dimensión artística y marca una ruptura con otras esferas. 

El arte constituye en su teoría un ámbito separado del resto, que niega el mundo al que se enfrenta.
El presupuesto extra estético de Gadamer, que pone la naturaleza del hombre como fundamento de la experiencia del arte, y consecuentemente su modo de entender esta experiencia sin tener en cuenta las diferencias entre quien tiene un conocimiento acerca de la disciplina artística y quien no lo tiene, suponiendo que todos nos encontramos en pie de igualdad cuando nos enfrentamos con una obra de arte, no parece verificarse en nuestra experiencia cotidiana del mundo. Si Gadamer buscaba el conocimiento contenido en el fenómeno del arte, tal vez debiera haber tenido en cuenta la formación que se necesita para tener una experiencia estética, en lugar de enfatizar en el conocimiento que aporta el arte sobre nosotros mismos. [7].

Como piensa Bourdieu, sólo si al hombre que ignora todo sobre el arte se le dice que no comprende porque carece de cierta formación (e información) puede éste no sentirse discriminado frente a la aprobación general del arte.

Sin embargo, la eliminación de lo extra estético en el pensamiento de Adorno, también lo conduce a consecuencias indeseables. Me parece que considerar al arte como una esfera separada de una totalidad que se mueve conjuntamente es conferirle al arte un lugar endiosado que es lo realmente retrógrado. Creo que Adorno, contribuye sin saberlo a ello (esto me lo sugieren también sus exigencias respecto del arte, que revelan un "deber ser" de éste que colabora con la idea de que cumple una "misión trascendente") .

 [1] Libro que ha sido traducido al español como “Dialéctica del Iluminismo” , “Dialéctica de la Ilustración” o  también “Dialéctica de la Razón”.
[2] Jürgen Habermas El discurso filosófico de la modernidad, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A., Madrid 1991, Pg. 135
[3] Max Horkheimer – Theodor Adorno: La industria cultural, incluido en Industria cultural y sociedad de masas, Monte Avila Editores C.A.. Sin fecha de edición. Pg.177
[4] A. Huyssen: Después de la gran división, Adriana Hidalgo editora S.A. Buenos Aires 2002, Pg. 74
[5] Se puede decir que existe una filosofía de la música sólo a partir de Adorno.
[6] Del latín “re”, o cosa, reificación significa, esencialmente, cosificación; en el sentido en que Theodor Adorno, entre otros, afirmaba que la sociedad y la conciencia han sido casi completamente cosificadas. A través de este proceso, las prácticas y las relaciones humanas llegan a ser vistas como objetos externos. Lo que está vivo termina siendo tratado como una cosa inerte o abstracción. Se trata de un cambio de los acontecimientos que se experimenta como natural, normal, inmutable.
[7] Theodor W. Adorno, Teoría Estética, pp. 11, Editorial Taurus.
[8] Hans-Georg Gadamer, Verdad y Método, pp.143, Ediciones Sígueme.

Ver artículo mio: Max Horkheimer

Ver:  Beethoven. Filosofía de la música. (ed. akal, 2003). Los apuntes de Adorno sobre Beethoven. Daniel Martín Sáez

ver: Actualidad de la estética. Una lectura conservadora de Theodor Adorno. Guillermo Ricca
ver: Adorno Auschwitz, Arte. Reflexiones acerca de un veredicto

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